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Escrito por BurnX
Viernes, 27 de Enero de 2012 11:16 |
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| La vi por primera vez en When Rocco meats Kelly 2. Era un torbellino de sexo y locura. Su escena con el malogrado Holly One, ataviado con unos pañales de bebé, era un repertorio de prácticas hard que incluían bofetones, escupitajos y lluvias doradas. No puedo decir que aquella escena me agradara, al contrario: la encontré profundamente humillante. Salvaje. Más que porno, aquello era un aquelarre demencial, una broma de mal gusto. Pobre tipo. En la misma película la actriz inglesa visitaba los lavabos de caballeros del FICEB, pidiendo a los que allí hacían sus necesidades, ancianos incluidos, que orinasen en su boca. Acto seguido se subió al escenario y se metió tropecientos tangas en el culo. Aquella chavala –más adelante supe que se apodaba Dirty Anal Kelly- parecía algo tarumba.

Hace pocos días me acordé de ella e hice una búsqueda en Internet. Stafford se ha retirado, aunque tuvo tiempo de participar en treinta-y-tres películas, en muchas de ellas con Rocco Siffredi. También se las apaño para ganar tres premios AVN. Más que actuar, parecía que quisiera quebrantar a sus compañeros. Humillarles, destrozar su voluntad. Era todo muy extraño.
 
Por su mirada intensa, su forma de practicar sexo y su físico curvilíneo y natural, Dirty Anal Kelly era un diamante en bruto, y se movería como pez en el agua en algunas de las producciones de hoy día, pasadísimas de rosca, justo como a ella le gustaban. Pero no quiso ir más allá. Según sus propias palabras, no actuaba por dinero sino por puro placer. Un día de 2007 se retiró tan rápidamente como había aparecido. En la Red apenas hay información al respecto, ni siquiera biografías o entrevistas, salvo las que he usado para escribir este texto. Se sabe que tuvo un hijo y un breve idilio con la dirección de películas equis. De hecho, incluso hay pocas fotos de la actriz, aunque sí que es fácil encontrar sus vídeos. Es como si hubiera querido desaparecer, dejando atrás tan solo un puñado de películas y un montón de incógnitas: ¿Cómo consiguió mantenerse tanto tiempo en el negocio sin que trascendieran datos sobre su vida privada? ¿Por qué se metió en el porno? ¿Por qué hacía lo que hacía? ¿Quién era, en realidad?
 
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Escrito por Redacción
Sábado, 31 de Diciembre de 2011 13:07 |
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| En los últimos años, el porno se ha ido acercando a los medios de comunicación generalistas a través de los programas del corazón y de entretenimiento, una relación que no siempre ha procurado beneficios el X. En este 2011 que ahora acaba, la protagonista de ese "crossover" entre el entretenimiento para adultos y los programas de televisión de gran audiencia ha sido Sonia Baby, la actriz ilicitana que ha participado en el reality Acorralados y que ha sido elegida para protagonizar el calendario anual de la revista Interviu para el año que va a empezar.
Sonia se introdujo en el mundo del porno a través de SexOlé en 2004 y, dos años después, se convirtió en la apuesta de la productora IFG para sus nuevas campañas de promoción de películas porno. Sonia, además, participaba en shows en directo en los que demostraba su habilidad en las acrobacias vaginales en los festivales eróticos. A partir de 2008, cambió su nombre artístico por el de Sonia Pin-Up y su imagen se transformó en consonancia en una mujer de estética similar a la de las chicas de calendario de los años 50, gracias a la imaginación del diseñador Manuel Albarrán. Tras un paso por la sala Bagdad de Barcelona, en este 2011, Sonia Baby se ha convertido en una habitual de los programas de televisión, ya que ha aparecido en algunos capítulos de Aida y, tras su participación en Acorralados, es una habitual en los programas de máxima audiencia. Como homenaje a su figura, os dejamos una secuencia, rodada para Crapulosos, en la que Baby enseña por qué fue una de las actrices porno más interesantes de los últimos tiempos. Podéis verla aquí.





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Escrito por Paco Gisbert
Martes, 27 de Diciembre de 2011 13:39 |
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Si Colleen Applegate hubiera nacido un siglo antes, su vida se habría parecido a la de Laura Ingalls, la inconformista escritora norteamericana que dejó para la posteridad su niñez en la Minnesota rural en “La pequeña casa de la pradera”, mucho tiempo antes de que Michael Landon la convirtiera en una almibarada serie de televisión.

Y es que Applegate, como Ingalls, nació y creció en una comunidad rural del Estado más septentrional de los Estados Unidos, con la diferencia que su familia era pequeño burguesa y no agricultores condicionados por la cosecha anual. Pero su carácter rebelde, marcado por la terrible represión sexual que emanaba de su propia familia y su entorno, afloró pronto. A los 18 años cogió sus más elementales pertenencias y se marchó a California en busca de fortuna.

Poco tiempo después, a Minnesotta llegaron algunos ejemplares de Penthouse y Hustler en las que aparecía la presuntamente inocente y virginal Colleen desnuda. Sus padres tomaron un avión y se presentaron en California para convencer a su hija de que debía rectificar y orientar su vida hacia las buenas costumbres. Pero ya era tarde. Colleen pasó de ellos y subió un escalón más en su ascenso hacia la nada. En 1982 aceptó participar en unas cuantas sesiones fotográficas realizadas por Suze Randall. Aquellas fotos llamaron la atención del productor Bobby Hollander, quien la convirtió en Shauna Grant.

Shauna Grant no fue una actriz como las demás. Odiaba el porno y lo transmitía en sus actuaciones. Era como ese oficinista kafkiano que trabajaba en su cubículo y detestaba cada jornada laboral, como el Bartleby de Melville que prefería no hacer las cosas enfrascado en el nihilismo. Jerry Butler, actor contemporáneo a Shauna y uno de los personajes más controvertidos de la historia del X americano, resumió su disposición al trabajo en una frase lapidaria: “Era como follarse a una muerta”.

Sin embargo, fue una estrella deslumbrante, que participó en una treintena de películas durante poco menos de un año y tuvo tiempo, en ese periodo, de coger herpes o quedarse embarazada y abortar, de ganar más de 100.000 dólares y de gastarse la mayoría de esa suma en esnifar cocaína.

Porque, paralelamente a su contradictoria vida laboral, Shauna se internó en el peligroso territorio de la droga. Cocainómana compulsiva, se ve obligada a alejarse de los platós cuando los productores ven que llega a rodar con la boca torcida. Abre una boutique de piel en Palm Springs, financiada en parte por su novio, Jake Ehrlich, un conocido camello de Los Angeles, pero su irresistible atracción nasal y una ruinosa administración la obligan a cerrar el negocio.

Vuelve fugazmente al porno, pero no por mucho tiempo. Dos meses después de que Ehrlich evitara su suicidio tras una acalorada discusión, Shauna aprovecha que su novio está trapicheando por las calles para volarse los sesos con un rifle del calibre 22. Era el 22 de marzo de 1984, sólo tres años después de que abandonara Minnesota para huir de una vida que le atormentaba.
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Escrito por Paco Gisbert
Jueves, 22 de Diciembre de 2011 11:37 |
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| Cuando Esther Kooiman, nacida en Rotterdam en 1968, tenía quince años, se dio cuenta de que, en su colegio, había tres niñas más que compartían su nombre. A esas edades, las adolescentes se sienten únicas, señaladas por los dioses para cumplir misiones en la sociedad que nadie puede ejecutar, y Esther pensó que había demasiadas “Esther” en su entorno para ser una más. Decidió cambiar su nombre por el de Amy.
A partir de entonces, la vida de Amy entró en un vertiginoso camino que incluía, por pura curiosidad, la prostitución. En su periplo por el lado más salvaje de la vida, Amy entró a trabajar en el White’s, un puticlub de Rotterdam en el que vivió algunas de las experiencias más interesantes de su vida, antes de abandonar la profesión y probar suerte como azafata de televisión en el mítico programa de Tele 5 “Ay, qué calor” o entregarse a las sesiones de fotografía erótica.

Tiempo después, Amy viajó a Los Angeles para participar en una sesión fotográfica al lado de un joven actor italiano que triunfaba en los Estados Unidos. El nombre de aquel adelantado a su tiempo era Rocco Siffredi y la sesión de fotos (accidentada por la inquietante autonomía de la polla de Rocco) desembocó en una oferta para participar en un filme porno dirigido por John Stagliano. La película se llamaba “Buttman’s ultimate workout” (“Culitos amorosos”, en el espantoso título español) y, en ella, Amy interpretaba a una joven artista que se resistía a ser abatida por Rocco hasta el final de la cinta. Al finalizar la grabación, el equipo de producción preguntó a Amy con qué nombre deseaba figurar en los créditos y la holandesa se acordó del White’s. El nombre le llegó como una revelación de lo que iba a ser su nueva vida. Había nacido Zara Whites.
Durante tres años, Zara Whites fue la actriz más importante del porno europeo y una de las pocas que gozó de un notable prestigio en los Estados Unidos. Trabajó, muy a su pesar, con Mario Salieri, quien la elevó a los altares en películas como “Toda una vida”, con Andrew Blake, el único director capaz de hacer que Zara viera una película porno con agrado, con John Leslie, con el que descubrió nuevos caminos en su sexualidad, o con Michel Ricaud, un hombre “que gritaba todo el tiempo” pero cuya calidad como persona y como director no pone en duda.
En 1993 decidió retirarse del porno para intentar emprender una carrera como presentadora de televisión y cantante. Triunfó a medias, pues los discos que grabó nunca salieron a la luz, pero adquirió un cierto prestigio en Francia conduciendo programas de sexo. Hasta que, a finales del siglo XX, retornó brevemente al porno, ya casada y con la única condición de participar sólo en escenas lésbicas, para protagonizar “La domadora”, de Alain Payet, y “Divina”, de Mario Salieri, un filme semiautobiográfico que sería el punto final en su carrera.

Ahora, con 43 años, Zara Whites ya no es Zara Whites. Ha vuelto a ser Esther y vive, retirada del mundo del porno, en una bella casa en medio de la campiña francesa, a 70 kilómetros de París, con su marido y sus dos hijos. Ha dejado de fumar y de tomar drogas, se ha convertido en vegetariana y en defensora de los derechos de los animales, y escribe su propio blog ecologista. Es feliz, no reniega de su pasado como estrella del porno y espera que la vida la lleve por caminos más tranquilos que aquellos por los que transitó. En su fuero interno, sabe que fue la primera gran estrella del cine X europeo, la única superviviente en el recuerdo de los aficionados de una generación que ha caído en el olvido. Pero entonces era Zara Whites. Ahora es simplemente Esther.
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