ADIÓS, TÍA PEG |
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En 1978, Juliet Carr encontró trabajo en el equipo de producción de una película X que dirigía Alex de Renzy. Para ella, que había pasado toda su juventud dando clases de inglés por medio mundo, era un buen trabajo. Cerca de la ciudad donde nació, Burbank, y con un sueldo acceptable. Juliet, además, tenía pocos remilgos en temas sexuales: desde su fracasado matrimonio, más de quince años atrás, su vida sexual había sido divertida y satisfactoria para ella. Así que, con 39 años, no tenía demasiadas quejas de lo que le deparaba la vida. Aquella primera experiencia en un rodaje X despertó en Juliet una extraña sensación. Le pareció muy divertido el hecho de actuar delante de una cámara follando y, cuando el propio De Renzy le ofreció participar, en un pequeño papel, en su siguiente película, "Pretty Peaches", Carr no dijo que no. El único obstáculo era su edad. A los 39 años nadie debutaba en el porno en una época en la que no existían filmes especializados en mujeres maduras. A Alex de Renzy la edad de Juliet no le importó demasiado, dado su entusiasmo por trabajar como actriz en una película porno.
Con el nombre de Juliet Anderson, Carr comenzó a trabajar en el porno. Unos meses después, participaba en una escena lésbica con una compañera que, al sentir las habilidades de la lengua de Anderson en su vagina, empezó a gritar “Oh, tía Peg, oh, tía Peg”. Wes Brown, el director del filme, cambió el nombre de la cinta, que pasó a denominarse “Tía Peg”, y provocó el nacimiento de un personaje legendario en la historia del cine porno: esa agente de artistas descarada su sexual que interpretaría Juliet Anderson durante el decenio siguiente. A finales de los 80, cuando rozaba los 50 años, Juliet Anderson se retiró del porno porque, según ella, sentía cómo los jóvenes con lo que compartía escenas estaban intimidados por su presencia y su voracidad sexual. Pero nunca llegó a distanciarse de una industria que, en 1994, la incluyó en su salón de la fama. Desde entonces, Juliet Anderson vivió una vida relajada y tranquila, en compañía de sus buenos amigos, la mayoría fotógrafos y artistas relacionados con el mundo de la sexualidad. Hasta el pasado lunes, cuando se fue a dormir y nunca despertó. Cuando entró en el sueño eterno de la manera más plácida, como había sido la vida de la Tía Peg durante su divertida existencia.
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