ANAL NURSE

Escrito por Remy    Jueves, 10 de Diciembre de 2009 19:29    PDF Imprimir E-mail

La mujer está limpiando el altar de mármol blanco y no le oye acercarse. Dos manos grandes y ansiosas se posan en su trasero, acariciándolo por encima del hábito negro.

-Por Dios, padre, déjeme… - musita ella sin mucho convencimiento. – Esto está mal.

El hombre responde con un gruñido corto, levantándole la falda y dejando al descubierto dos piernas largas, musculosas y bronceadas. Las besa con avidez, subiendo enseguida hasta el culo,  duro  y de una redondez perfecta. Clava allí sus dientes, succiona, lame. Huele vagamente a gel de baño y a crema hidratante. Al poco le baja el tanga hasta los tobillos, dejando al descubierto un sexo y un ano cuidadosamente rasurados.
 
-¿Qué clase de ropa interior llevas, hermana? ¿Un tanga? Como una vulgar mujerzuela. Como una puta. Vas a recibir tu castigo por esto.
 
El hombre se sube la sotana, pues es pesada y le impide la total erección. Pega su polla al trasero de la mujer y empieza a masturbarse usando sus nalgas. Le encanta cascársela con el culo de una mujer hermosa. El pene no resbala bien, de modo que lame con ansia la zona y vuelve a la carga. La cosa mejora. Tiene que parar un par de veces para evitar correrse. A su turno la mujer mueve  con rapidez su dedo corazón encima del clítoris, dejando escapar quejidos entrecortados. Mechones de pelo de un rubio imposible escapan de su cofia negra y blanca. La parte superior del hábito está a medio quitar, mostrando dos pechos pequeños y firmes, ambos pezones decorados con brillantes aros de plata.
 
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El hombre de la sotana oscura piensa que es el momento: lubricando con saliva el ano de la mujer, lo acaricia con su glande y da un firme empujón. Clavar un cuchillo a alguien debe ser algo muy parecido: al principio una leve resistencia para ceder enseguida. Definitivamente, piensa, es muy diferente a follarse un coño: no existe esa facilidad, ese resbalar caliente.  Incluso puede sentir latidos rítmicos y fuertes, aunque no está seguro si son las venas de su pene o las del culo de la joven, que gime sin dejar de acariciarse el clítoris.
 
Zorra, zorra, zorra pecadora … - murmura él, con el pensamiento de que está profanando algo sagrado dándole vueltas por la cabeza.
 
En el instante exacto la mujer deja escapar un “sí” largo y profundo, y el hombre no consigue refrenarse y se corre en su interior. Tan prieto es el agujero que el chorro de semen, que imaginaba caudaloso y abundante, sale de su pene con cierta dificultad. Después de unos segundos descansando en la espalda de la joven el hombre retira la polla, ya huérfana de la altivez que mostraba minutos antes, y se baja la sotana. La mujer se da la vuelta y se recoloca la falda, la parte superior del hábito y la cofia.
 
El hombre no sabe qué decir. Incluso se siente algo imbécil. Finalmente, no sin cierta vergüenza o incomodidad, barbotea:
 
- Ha estado bien.
 
-Sí- sonríe ella. Y añade: - Hay duchas y toallas limpias junto a la entrada. Son ciento cincuenta euros, más veinte de la tintorería. Al salir deja la ropa en la cesta, por favor.

 

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Herman   |2009-12-10 20:43:05
Amén! Palabras divinas y santas. Que Diós os bendiga.

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