FOTONOVELAS CON MOVIMIENTO |
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Entre sus clientes estaba un periodista suizo que se puso en contacto con Dorcel para que le publicara una novela que había escrito en colaboración con su secretaria. El editor aceptó el reto y la novela se convirtió en un gran éxito de ventas, pese a las restricciones que encontró en su distribución. Aquel inesperado suceso animó a Marc Dorcel a publicar más libros de contenido sexual, consciente de que en su país se estaban operando cambios que iban a apreciarse en un futuro muy cercano. Inició una colección de novelas pornográficas que tuvo una gran acogida entre los clientes de las laberínticas librerías de la orilla izquierda del Sena y, poco a poco, fue añadiendo a esas novelas fotografías para ilustrarlas. Primero fueron unas pocas fotos en blanco y negro, que servían como distracción al lector ante tanta letra, después las fotos adquirieron color, y más tarde, presencia. Diez años después de haber empezado como editor de libritos de contenido erótico, en 1979, Dorcel era el principal editor de fotonovelas pornográficas del país.
En aquellos años, el vídeo invadió los hogares franceses. Era el electrodoméstico estrella, el que todos querían tener en su domicilio. Los magnetoscopios de la época eran mastodontes que se vendían a buen precio. Tanto que, cuando se estropeaba uno, era mucho más rentable repararlo que comprarse otro, como ocurre ahora con los reproductores de DVD. Al lado del despacho donde Dorcel tenía la editorial había una de esas casas de reparación de magnetoscopios que habían surgido por todo París al calor de la fiebre por el nuevo aparato. Su propietario, un tipo con conocimientos de filmación en vídeo, se acercó un día a ver a su vecino, al que le unía una buena amistad, y le hizo una propuesta sorprendente: “usted, señor Dorcel, hace fotonovelas que son como películas, ¿por qué no se anima a rodar un vídeo?”. El reparador le ofreció su ayuda para hacerlo, pero Dorcel tenía muy claro lo que sabía hacer y no tanto lo que podría aprender, así que le dio largas. Pero la insistencia del vecino acabó dando sus frutos y, unos meses después, el todavía editor grabó su primera película porno, “Jolies petites garces”, un vídeo con imágenes quemadas y planos temblorosos que, para sorpresa de todos, llegó a vender 4.000 copias en las sex-shops de toda Francia. Dorcel la había filmado con un equipo técnico del que no conocía a nadie, excepto al camarógrafo, un fotógrafo que jamás había empuñado una cámara de vídeo, y con el argumento de una de sus fotonovelas.
Impactado por el éxito alcanzado con su primera película, Dorcel acudió a un laboratorio de imagen para intentar mejorar su obra. Le dijeron que, en lo sucesivo, contara con ellos para rodearse de un equipo profesional con el que pudiera rodar vídeos de calidad. Así lo hizo pues, desde 1980, Marc Dorcel comenzó a producir sus propias películas, primero dirigidas por él mismo y más tarde, por otros realizadores, como Michel Barny o Michel Ricaud. Películas cuyas señas de identidad son la calidad visual, las buenas historias y el sexo morboso. Hoy, 30 años después de aquel día en el que el antiguo editor recelaba de ver las fotonovelas que vendía en movimiento, Dorcel es el mayor distribuidor y productor de porno en Francia.
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| Actualizado ( Martes, 26 de Mayo de 2009 13:57 ) |











