Hixtorietas

DE ROCKSTAR A PORNOSTAR

Escrito por Paco Gisbert    Viernes, 16 de Diciembre de 2011 16:36    PDF Imprimir E-mail

A mediados de los años 70, Catherine Ringer, una joven nacida en los suburbios de París, trabajaba en el hospital de Suresnes a cambio de 2.500 francos al mes. Soñaba, como muchas chicas de su generación, con ser estrella del rock, con formar su propia banda y salir de gira por toda Francia mostrando al mundo sus canciones. Pero no tenía dinero suficiente para producir sus discos. De hecho, Catherine estudiaba interpretación en sus ratos libres y había hecho sus pinitos encima de los escenarios en algunas comedias musicales producidas por Michael Lonsdale para el Théâtre de Recherche Musicale. Un día, Ringer encontró por casualidad un anuncio que convocaba un casting para hacer películas eróticas y se presentó. Pensó que, con la pasta que ganara en el cine, podría cumplir su sueño.

catherine ringer follando

Era el año 1976 y el cine X galo entraba en una etapa de regresión provocada por la ley que regulaba la exhibición de filmes pornográficos en Francia. Bud Tranbaree, veterano cineasta curtido en mil batallas de serie B y en subproductos eróticos, vio en aquella chica de aspecto punk y ganas de vivir una futura estrella. La contrató para participar en su película La fesse. Así comenzó la carrera en el porno de uno de los personajes más controvertidos del cine X galo. No porque sus prestaciones en pantalla fueran particularmente memorables, sino porque, en 1979, Catherine Ringer conoció a Fred Chichin y ambos fundaron el grupo de pop-rock de culto Les Rita Mitsouko.

 

Durante los albores del grupo, Catherine Ringer todavía continuó rodando películas X. Les Rita Mitsouko no era un grupo demasiado conocido en Francia y eso le permitió a su cantante trabajar con directores como Michel Ricaud (L’education d’Orphélie), Lasse Braun (Love Inferno) o Hubert Géral (Gorges profondes et petites filles), hasta completar la veintena de filmes que completan su singular filmografía. A finales de 1981, Ringer protagonizó L’inconnue, a las órdenes del malogrado Alain Payet, su despedida del porno, en la que daba vida a una joven acechada por sus fantasmas sexuales que sufre de ninfomanía.

 

A partir de entonces, la Catherine Ringer actriz porno se convirtió en la cantante de Les Rita Mitsouko. Tras su mítico paso por los circuitos alternativos del rock francés, una canción, Marcia baila, tributo a la coreógrafa argentina Marcia Moretto, fallecida años antes y antigua profesora de Ringer, los lanzó a la fama con una ecléctica mezcla de sonidos latinos y techno-pop. Sus directos, con la claridad de Chichin a la guitarra y la desgarradora voz de Ringer, vestidos de manera estrafalaria y colorista, todavía permanecen en la memoria de los buenos aficionados franceses. Fueron, además, pioneros en realizar videoclips de culto, como el que les rodó Jean-Luc Godard para su canción Soigne ta droite en 1987.

Por aquella época, un avispado distribuidor descubrió que la misma mujer que encandilaba a los aficionados a la música sobre el escenario era la que follaba a destajo en Poker partouze, de Joe de Palmer, un filme en el que compartió honores con la legendaria Marilyn Jess. Ringer, al contrario que algunas de sus compañeras de profesión, no renegó de su pasado en el porno, sino que lo exhibió con orgullo como una forma más de provocación.

 Ya en este siglo, Les Rita Mitsouko siguieron su camino de innovación y reciclaje en las tendencias del pop-rock. Pero algo había cambiado. En las pasadas elecciones presidenciales apoyaron a Nicolas Sarkozy, olvidando su pasado en el porno y sus antiguos conflictos con la justicia. “Eso pertenece al siglo pasado”, decían para defenderse. El pasado 28 de noviembre, Fred Chichin murió de un cáncer fulminante a la edad de 53 años. Parece que, de momento, Catherine Ringer no abandonará la música. Y seguro que, a punto de cumplir los 50, no volverá al porno para reeditar sus viejos anhelos de ser una estrella del rock gracias al cine X.

Actualizado ( Lunes, 19 de Diciembre de 2011 10:07 )
 

EL AMIGO “GONZO”. POR PACO GISBERT

Escrito por Paco Gisbert    Domingo, 25 de Septiembre de 2011 19:57    PDF Imprimir E-mail

En los primeros años de la década de los ochenta, el O'Farrell Theater de San Francisco era el club más “cool” de toda la costa oeste de los Estados Unidos. Un inmenso local en el que había espectáculos de sexo en vivo, proyección de películas pornográficas y actuaciones de algunas de las grandes estrellas del porno americano de la época. El club estaba regentado por los hermanos Jim y Artie Mitchell, popes de la contracultura californiana y directores, entre otros filmes, de “Tras la puerta verde”, la cinta que convirtió a Marilyn Chambers en una celebridad en toda Norteamérica. El O'Farrell tenía un altillo en el que los hermanos Mitchell celebraban fiestas privadas, donde nunca faltaban el alcohol, la marihuana, la cocaína y las chicas. Un espacio privado, provisto de una mesa de billar y unos cuantos sofás, que servía para agasajar a los invitados ilustres que visitaban el local.

Hunter S. Thompson era uno de los habituales de esas fiestas en el altillo del O'Farrell. El escritor y periodista, que contaba entonces con cuarenta y tantos años, ya era un personaje célebre en los círculos alternativos de los Estados Unidos, gracias a sus novelas (en especial “Miedo y asco en Las Vegas”) y a ser considerado el padre del periodismo “gonzo”. El “gonzo”, aunque el término haya sido pervertido por su uso en el mundo del porno, era en realidad un estilo de escritura en el que, al revés de lo que marcan las escuelas de periodismo, el protagonista de la noticia no es el suceso, sino el propio escritor, que ofrece su punto de vista y sus vivencias para explicar lo sucedido.
En 1983, Thompson aceptó una oferta de la revista Playboy para publicar una serie de artículos sobre pornografía para parejas. Como parte de su investigación, el escritor de Kentucky pasaba días enteros en el O'Farrell y llegó a entablar una buena amistad con los propietarios. Hasta el punto de que, cuando había reunido suficiente documentación, se planteó plasmar todas sus experiencias en una novela que debía titularse “The Night Manager”. Ni la novela ni ninguno de los artículos pactados con Playboy vieron jamás la luz.
 
 
Tras unos años en San Francisco, Hunter S. Thompson volvió a su casa de Woody Creek, en Colorado, donde había vivido a comienzos de los años setenta. Una tarde de febrero de 1990, el escritor recibió en su casa la visita de Gail Palmer, productora y directora de porno y responsable de películas como “Las eróticas aventuras de Candy”. De aquella visita, Palmer salió con una acusación formal contra Thompson por acoso sexual. Al parecer, el escritor le había acariciado los pechos y había intentado por la fuerza que se metiera con él en un jacuzzi para discutir los pormenores de la adaptación al cine de una de sus novelas. Seis agentes del FBI buscaron durante once horas la casa de Thompson hasta que la encontraron. Dentro de ella había cocaína, marihuana, LSD, pastillas que parecían ser Valium y cuatro paquetes de dinamita.
 
 
Los hermanos Mitchell organizaron entonces un viaje “gonzo” para dar apoyo a la causa abierta contra Thompson en Aspen (Colorado). Invitaron a todas las bailarinas de su club y tenían pensado presentarse el día del juicio en las escaleras de entrada de los juzgados con un Chrysler rojo descapotable, las chicas y una enorme cabeza de búfalo, en homenaje a la película “Where the Buffalo Roam”, basada en las experiencias de Thompson en los primeros años setenta. El viaje jamás llegó a realizarse.
 
En mayo de aquel año, un juzgado absolvió a Hunter S. Thompson de todos los cargos de los que estaba acusado en la vista previa al juicio. El escritor, nada más salir de la corte, declaró que la decisión había supuesto “una gran victoria” que celebraría esa misma noche con “una orgía” en la Woody Creek Tavern. No consta que los Mitchell acudieran con sus chicas a la celebración. 
Actualizado ( Viernes, 16 de Diciembre de 2011 10:56 )
 

BO DEREK TAMBIÉN HIZO PORNO

Escrito por Paco Gisbert    Lunes, 15 de Agosto de 2011 12:45    PDF Imprimir E-mail

Aunque el porno norteamericano viviría su edad de oro entre 1976 y 1983, el distanciamiento entre la todopoderosa industria de Hollywood y su hermana pobre, la de entretenimiento para adultos, se hizo patente precisamente en esa época. La llegada de Ronald Reagan a la presidencia de los Estados Unidos, en 1980, es la razón aducida por muchos de los historiadores del cine X para explicar el cambio de mentalidad de una sociedad que, sólo ocho años antes de que un mediocre actor hollywoodiense se instalara en la Casa Blanca, había acogido con alborozo el estreno de “Garganta profunda”. Pero la distancia entre el porno y el cine convencional se había abierto unos años antes. 

BO DEREK

En 1979, Blake Edwards dirigió “10, la mujer perfecta”, una comedia que lanzaría a Bo Derek como indiscutible símbolo sexual de la década de los ochenta. Paradigma de uno de los temas favoritos en la comedia americana de la época, la del hombre corriente que queda prendado de una mujer escultural y teóricamente inalcanzable para él, “10, la mujer perfecta” incluía una secuencia en la que Dudley Moore descubre que, en una de las casas de su vecindario, se celebra una fiesta llena de mujeres desnudas. Para interpretar a aquellas figurantes libertinas sin ropa, Edwards recurrió a algunas de las grandes estrellas del circuito del X americano de finales de los setenta, por lo que, aunque sea sin diálogo, en el currículo de Annette Haven, Dorothy LeMay, Constance Money, Candida Royale y Serena figura su aparición como “extras” en uno de los grandes éxitos de taquilla de aquellos años.
 
 
Lo curioso del caso es que aquellas figurantes habían sido reclutadas por la propia Bo Derek a instancias de Blake Edwards.        Unos meses antes, su marido, descubridor y mentor John Derek se había embarcado en un curioso experimento cinematográfico en el que había invertido 50.000 dólares de su propio bolsillo. Se trataba de filmar una película con sexo explícito que fuera adecuada para un público femenino, de explorar un posible mercado que, en opinión de la pareja, no estaba siendo suficientemente aprovechado por el cine. La película se tituló “Love you” y contó con un reparto en el que figuraban algunas de las grandes estrellas del cine X contemporáneo: Annette Haven, Wade Nichols, Leslie Bovee, Eric Edwards, David Morris y Paul Thomas. El filme contaba la historia de Charlie, una bella y reservada mujer cuyo marido ha planeado un romántico fin de semana en una playa para descubrir su verdadera sexualidad.
 
 
Bo Derek fue productora de aquella película en la cual, para decepción de su legión de seguidores, no se atrevió a participar como actriz. Sin embargo, “Love you” ha quedado para la historia como una de las cintas con sexo explícito mejor filmadas de la historia y como una de las pocas incursiones de profesionales del cine convencional en la industria del cine pornográfico.
 
Casi 20 años después, durante una gira promocional de su autobiografía, Bo Derek explicó en una emisora de radio de Chicago su breve experiencia en el mundo del porno: “Fue la película en la que realmente aprendí cómo se hacía un filme. Como el presupuesto de la cinta era tan bajo, no pudimos contratar a todos los profesionales y técnicos para el sonido, las luces o el montaje, por lo que tuvimos que hacer nosotros un poco de todo”.
 
 
La experiencia de los Derek no produjo ningún resultado a efectos de taquilla. El público de la época, como el de ahora, siguió viendo el porno como un producto destinado al consumo por parte de los hombres. Pero, al menos, sirvió a la mujer perfecta para conocer a Annette Haven e incluirla, como figurante, en la famosa fiesta que descubre Dudley Moore con su catalejo en “10”.
Actualizado ( Lunes, 15 de Agosto de 2011 12:55 )
 

WONDERLAND (3. UN CRIMEN SIN CULPABLES). POR PACO GISBERT

Escrito por Paco Gisbert    Martes, 28 de Junio de 2011 15:33    PDF Imprimir E-mail

El próximo 1 de julio se cumplen 30 años de uno de los hechos que marcarían la historia del porno en los Estados Unidos: la matanza de la Avenida Wonderland. En ese cuádruple crimen se vio envuelto John Holmes, por aquel entonces el mayor mito viviente de la historia del cine X norteamericano. Esta es la tercera y última parte del relato de aquellos trágicos hechos. 

La policía no estaba demasiado segura de que John Holmes estuviera implicado en los asesinatos de la Avenida Wonderland, pero estaba convencida de una cosa: John tenía información útil. De manera que intentó que Holmes confesara. Y lo hizo convirtiéndolo en testigo protegido, plegándose a sus caprichos (un fin de semana en un hotel de lujo en compañía de su novia, Dawn Schiller, y su primera mujer, Sharon Holmes) y obteniendo, por fin, parte de la información que precisaba. Las versiones sobre lo que confesó John Holmes son contradictorias, pero los agentes encargados del caso llegaron a la conclusión de que el actor no era de fiar. Tras ponerlo en libertad, salió huyendo en compañía de su novia.
 
John Holmes y Dawn Schiller atravesaron los Estados Unidos, tras una breve parada en Las Vegas y otra en Montana, en casa de una de las hermanas del actor, hasta llegar a Florida, donde comenzaron una nueva vida. Cambiaron sus nombres y el actor porno se convirtió en albañil, mientras obligaba a su novia a prostituirse para llegar a final de mes. Sin embargo, la policía, en ese tiempo, encontró evidencias de la implicación de John Holmes en los crímenes y, gracias al hermano de su novia, consiguió localizarlo en un hotel de Miami Beach.
 
 
Trasladado a Los Angeles, John Holmes fue encausado como sospechoso por haber participado en el asesinato de cuatro personas en la Avenida Wonderland el 1 de julio de 1981. En el juicio, que se celebró entre abril y mayo de 1982, el fiscal del distrito Ron Coen intentó probar que Holmes había actuado como cómplice de los crímenes, mientras que los abogados del actor, Earl Hanson y Mitchell Egers, presentaron a John como una víctima más de la matanza, como alguien que había sido obligado a acompañar a los asesinos al lugar de los hechos a punta de pistola. El 25 de junio de aquel año, el tribunal absolvió a John Holmes de los cargos que se le imputaban, aunque lo condenó por dos faltas menores: un pequeño hurto y desacato al tribunal por no haber respondido a las preguntas del jurado acerca de los asesinatos. En total, pasó 111 días en la cárcel, de la que salió libre el 22 de noviembre de 1982 dispuesto a llevar una nueva vida.
 
 
Así fue. John Holmes volvió a su Ohio natal durante un tiempo para volver a California unos meses más tarde y retomar su carrera en el porno, después de someterse a una cura de desintoxicación. A comienzos de 1983 conoció a la actriz Misty Dawn, con la que se casó un años después. El 13 de marzo de 1988 moriría, víctima del SIDA, en un hospital de Los Angeles.
 
 
Sólo dos años después de la muerte de John Holmes, un tribunal del estado de California encausó a Eddie Nash y Gregory Diles como autores de los asesinatos de la Avenida Wonderland. Gracias al testimonio de Scott Thorson, el novio de un famoso pianista de Hollywood que se encontraba en la casa de Nash en el momento en el que Diles llevó a Holmes para que identificara a sus asaltantes, el jurado los consideró culpables, aunque sólo 11 de sus miembros lo creían y uno cotó en contra. Como la ley norteamericana exige que el veredicto popular unánime, el juicio hubo de repetirse un año después, en 1991. En el segundo juicio, el jurado absolvió a ambos. Diles murió en 1995 y Nash, que pasó año y medio en la cárcel entre 2001 y 2003 por un delito de tráfico de drogas, vive actualmente en Los Angeles.
 

WONDERLAND (2. UN BAÑO DE SANGRE). POR PACO GISBERT

Escrito por Paco Gisbert    Viernes, 17 de Junio de 2011 15:51    PDF Imprimir E-mail

El próximo 1 de julio se cumplen 30 años de uno de los hechos que marcarían las historia del porno en los Estados Unidos: la matanza de la Avenida Wonderland. En ese cuádruple crimen se vio envuelto John Holmes, por aquel entonces el mayor mito viviente de la historia del cine X norteamericano. Esta es la segunda entrega de las tres que consta la historia de aquella matanza. 

Al entrar en casa de Eddie Nash, Ron Lanius, Billy Deverell y David Lind encontraron que, tal y como habían quedado con John, la puerta corredera de cristal estaba abierta. No les fue difícil acceder al dormitorio de invitados y, desde allí, al resto de la casa. No les fue difícil reducir a Gregory Diles, uno de los guardaespaldas de Nash, ni al dueño de la casa, que les facilitó la combinación de la caja fuerte en la que guardaba casi un cuarto de kilo de cocaína. Gracias a las indicaciones de Holmes, los tres asaltantes encontraron la heroína, las joyas y el dinero. Cuando lo recogieron todo, salieron a la calle, donde Tracy McCourt los esperaba en el coche con el que se dieron a la fuga.
 
 
Los ladrones se repartieron el botín a razón del 25 % para cada uno; Tracy y John se repartieron el 25 % restante. Holmes, en compañía de su novia, se marchó a celebrarlo a un motel cercano, donde ambos pasaron el día colocándose con lo que le correspondía en especie de la rapiña, pero, al salir a una oficina de contestador automático de Santa Monica Boulevard para chequear sus mensajes, coincidió con Gregory Diles, que lo llevó a casa de Eddie Nash. Como era de suponer, El padrino no estaba muy contento por lo sucedido y, después de torturar al actor durante 14 horas, lo obligó a llevarlo al piso de la avenida Wonderland. La venganza sería terrible.
 
 
La mañana del 1 de julio de 1981, John Holmes llamó al portal del número 8763 de la avenida de Wonderland. Al verlo en el zaguán, los ocupantes de la casa le abrieron sin preocuparse de que, tras él, estaban Gregory Diles y Eddie Nash. Los tres subieron las escaleras hasta llegar al piso. Cuando abrieron la puerta, comenzó la carnicería. Diles y Nash encañonaron a las cinco personas que había entonces en la casa, mientras John Holmes, impasible, contemplaba lo que allí dentro sucedía. Pese a llevar armas, los asesinos mataron a golpes a Barbara Richardson, Ron Lanius, Billy Deverell y Joy Millar, y creyeron asesinar de la misma manera a Susan Lanius, la mujer de Ron, quien sobreviviría milagrosamente al horrible crimen. Cuando pensaron que habían acabado con la vida de todos los que allí estaban, saquearon la casa. Después se marcharon dejando a John en el lugar de los hechos. Holmes, manchado de sangre, volvió a pie a recoger su coche de donde lo tenía estacionado.
 
 
 
 
La policía descubrió los cinco cuerpos, cuatro de ellos sin vida, gracias a una llamada de los paramédicos del cuerpo de Bomberos de Los Angeles, que llegaron al piso de la avenida Wonderland alrededor de las cuatro de la tarde de aquel día. El panorama era desolador. Cinco cuerpos yacían repartidos por diversos lugares de una casa que estaba llena de sangre por todas partes. Al analizar los cuerpos, descubrieron que Susan Launius estaba aún con vida, pese a que sufría diversas lesiones en el cráneo y le habían amputado un dedo, por lo que decidieron llevarla al hospital Cedars-Sinaí.
 
Muy pronto, los detectives de la policía de Los Angeles relacionaron a John Holmes con el asesinato. El actor, que había sido durante un par de años confidente de la policía, era objeto de seguimiento por parte de los agentes, que conocían sus relaciones con la banda de Wonderland y con Eddie Nash. No les fue difícil encontrarlo, en el motel donde se alojaba con su novia.
        
 


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