Hixtorietas

FOTONOVELAS CON MOVIMIENTO

Escrito por Paco Gisbert    Martes, 26 de Mayo de 2009 12:11    PDF Imprimir E-mail

 marc dorcel
A finales de los años 60, Marc Dorcel estaba a punto de cumplir 30 años y tenía un trabajo arriesgado. Publicaba libros de temática erótica que vendía en circuitos clandestinos por toda Europa. Dorcel vivía al límite de la legalidad, en un tiempo en el que Francia se debatía entre la tradición y la modernidad, entre quienes pretendían por conservar los valores de toda la vida y los que luchaban por hacer el amor y no la guerra.      

Entre sus clientes estaba un periodista suizo que se puso en contacto con Dorcel para que le publicara una novela que había escrito en colaboración con su secretaria. El editor aceptó el reto y la novela se convirtió en un gran éxito de ventas, pese a las restricciones que encontró en su distribución. Aquel inesperado suceso animó a Marc Dorcel a publicar más libros de contenido sexual, consciente de que en su país se estaban operando cambios que iban a apreciarse en un futuro muy cercano. Inició una colección de novelas pornográficas que tuvo una gran acogida entre los clientes de las laberínticas librerías de la orilla izquierda del Sena y, poco a poco, fue añadiendo a esas novelas fotografías para ilustrarlas. Primero fueron unas pocas fotos en blanco y negro, que servían como distracción al lector ante tanta letra, después las fotos adquirieron color, y más tarde, presencia. Diez años después de haber empezado como editor de libritos de contenido erótico, en 1979, Dorcel era el principal editor de fotonovelas pornográficas del país.      

 marc dorcelmarc dorcel 

En aquellos años, el vídeo invadió los hogares franceses. Era el electrodoméstico estrella, el que todos querían tener en su domicilio. Los magnetoscopios de la época eran mastodontes que se vendían a buen precio. Tanto que, cuando se estropeaba uno, era mucho más rentable repararlo que comprarse otro, como ocurre ahora con los reproductores de DVD. Al lado del despacho donde Dorcel tenía la editorial había una de esas casas de reparación de magnetoscopios que habían surgido por todo París al calor de la fiebre por el nuevo aparato. Su propietario, un tipo con conocimientos de filmación en vídeo, se acercó un día a ver a su vecino, al que le unía una buena amistad, y le hizo una propuesta sorprendente: “usted, señor Dorcel, hace fotonovelas que son como películas, ¿por qué no se anima a rodar un vídeo?”. El reparador le ofreció su ayuda para hacerlo, pero Dorcel tenía muy claro lo que sabía hacer y no tanto lo que podría aprender, así que le dio largas. Pero la insistencia del vecino acabó dando sus frutos y, unos meses después, el todavía editor grabó su primera película porno, “Jolies petites garces”, un vídeo con imágenes quemadas y planos temblorosos que, para sorpresa de todos, llegó a vender 4.000 copias en las sex-shops de toda Francia. Dorcel la había filmado con un equipo técnico del que no conocía a nadie, excepto al camarógrafo, un fotógrafo que jamás había empuñado una cámara de vídeo, y con el argumento de una de sus fotonovelas.      

marc dorcel marc dorcel 

Impactado por el éxito alcanzado con su primera película, Dorcel acudió a un laboratorio de imagen para intentar mejorar su obra. Le dijeron que, en lo sucesivo, contara con ellos para rodearse de un equipo profesional con el que pudiera rodar vídeos de calidad. Así lo hizo pues, desde 1980, Marc Dorcel comenzó a producir sus propias películas, primero dirigidas por él mismo y más tarde, por otros realizadores, como Michel Barny o Michel Ricaud. Películas cuyas señas de identidad son la calidad visual, las buenas historias y el sexo morboso. Hoy, 30 años después de aquel día en el que el antiguo editor recelaba de ver las fotonovelas que vendía en movimiento, Dorcel es el mayor distribuidor y productor de porno en Francia.   

  

Actualizado ( Martes, 26 de Mayo de 2009 13:57 )
 

LOS HERMANOS ALLEN

Escrito por Paco Gisbert    Miércoles, 29 de Abril de 2009 06:54    PDF Imprimir E-mail
 
Charles y Laura Allen se criaron en los suburbios de Orange County, en el estado de California, entre delincuencia y drogas. Su madre biológica falleció de cáncer poco después de dar a luz a Laura y los dos hermanos fueron adoptados por sus padrastros, quienes no se ocuparon demasiado de darles una educación. La familia vivía en una caravana y los dos hermanos pasaron gran parte de su infancia y adolescencia robando coches que luego conducían a gran velocidad, sólo para divertirse. Pero ambos tenían sueños. Querían triunfar en la vida, ser ricos y famosos, no tener que preocuparse de nada excepto de divertirse y trabajar un poco para ganarse la vida cómodamente.

Charles, 8 años mayor que Laura, se hizo boxeador. Un tipo duro que peleaba con más coraje que técnica y que jamás pasó de disputar combates en campeonatos comarcales, hasta que un día se lesionó en una mano. Así que cambió su vocación de boxeador por la de striper, en los más infectos antros de California, donde acudían algunas, pocas, mujeres a celebrar despedidas de soltero. Un día recibió una llamada de su hermana Laura: “Estoy haciendo películas y necesitan a un tío”. Charles dijo que sí. Al fin y al cabo le iban a pagar 350 dólares por pegar un polvo delante de una cámara. Y se cambió el nombre. De boxeador había sido conocido como “Backhand” Allen y, a partir de entonces, sería Buck Adams.
Cuando realizó aquella llamada, Laura llevaba ya seis meses participando en películas X con el nombre de Amber Lynn. La salida que Laura encontró a su vida de miseria fue bailar en clubes nocturnos. En uno de ellos conoció a Althea Flynt, la mujer del editor de Hustler, que le propuso posar desnuda en la revista. Un año más tarde, Laura se transformó en Amber Lynn y, junto a Ginger Lynn y Posche Lynn, formó el trío de actrices porno conocido como “las tres Lynn”, el terceto de estrellas más famoso en el cine X norteamericano a mediados de los 80.

Charles y Laura, Buck y Amber, no revelaron a nadie que eran hermanos hasta que un productor los contrató para que compartieran una escena sexual. Se negaron en redondo. Una cosa era haber crecido juntos en la pobreza, compartir drogas y miseria, diversión y tristeza. Otra muy distinta era cometer incesto. Amber Lynn y Buck Adams se convirtieron desde entonces en una pareja pintoresca dentro del porno norteamericano. Vivieron juntos durante muchos años, se colocaron juntos, compartieron amantes, sobrevivieron a aventuras singulares provocadas por su afición a la cocaína y participaron en cientos de películas, sin que en ninguna de ellas llegaran a caer en el temido incesto. Amber dejó el porno en 1987, tras el escándalo de Traci Lords, para dedicarse al baile erótico en compañía de la que entonces era su pareja, la también actriz X Tracey Adams. Buck siguió haciendo películas, como actor y director, sobrevivió milagrosamente a varios ataques al corazón, motivados por el consumo de drogas, y ayudó a su hermana cuando, en 1999, Amber tomó la determinación de volver al porno después de romper con Tracey y de limpiar su cuerpo en un centro de desintoxicación para alcohólicos y drogadictos.

El pasado 28 de octubre, en el hospital de Northdrige (California), Buck Adams falleció a causa de un nuevo ataque cardíaco. Junto a él, en su lecho de muerte, se encontraba Amber Lynn, la hermana fiel que le dio una nueva vida el día en que lo llamó por teléfono para proponerle dedicarse al porno. La mujer con la que compartió su vida en la calle, en los platós, en las fiestas y en las casas. En todos los sitios menos en la cama. 
 

  

Actualizado ( Viernes, 01 de Mayo de 2009 09:35 )
 

IMPURA EN UN 99'44 %

Escrito por Paco Gisbert    Lunes, 20 de Abril de 2009 07:24    PDF Imprimir E-mail
El padre de Marilyn Briggs podría haber sido uno de los personajes de “Mad Men”, la serie de televisión que retrata el mundo de la publicidad a finales de la década de los 50. Por eso, cuando su hija le explicó que quería ser modelo la persuadió para que se alejara de aquel “negocio despiadado” en el que soñaba introducirse. Pero Marilyn no le hizo caso. Se presentó en varias agencias de modelaje y, a duras penas, comenzó a ganarse la vida anunciando champús y ropa. Un día recibió una llamada de Procter & Gamble para que se presentara a una prueba con el fin de ser la imagen de un nuevo producto: un jabón para niños denominado Ivory Snow. Hizo la prueba, consiguió ser la imagen del nuevo jabón, pero se olvidó del tema. Le dijeron que, hasta dos años después, no lanzarían al mercado el nuevo producto.  Pocas semanas después, Marilyn fue contratada para participar como actriz en un pequeño papel en “El búho y la gatita”, de Herbert Ross, una película protagonizada por Barbra Streisand que se rodaba en Nueva York. Había acudido al plató en compañía de un amigo y alguien le ofreció sustituir a la actriz que tenía que hacer de novia de Robert Klein. Ese día, Marilyn supo que quería dedicarse al cine. Que quería ser Ann Margret.   Cuando “El búho y la gatita” se estrenó en San Francisco, los productores tuvieron el detalle de invitarla.

Sólo estuvo tres días en la ciudad de las cuestas y los tranvías, lo suficiente para enamorarse de ella. Así que, de vuelta a Nueva York, decidió mudarse a la otra parte del país en busca de un futuro mejor. Pero su situación económica no mejoró por mucho que ahora viviera cerca de las estrellas de Hollywood. Hasta que un día vio un anuncio en el San Francisco Chronicle en el que se convocaba un casting para un largometraje. Acudió a unas oficinas de Tennessee Street y, cuando supo que la película a la que optaba era un porno, se dio media vuelta dispuesta a abandonar el local. No es que fuera una mujer puritana, pero aquello la superaba. Cuando iba a salir a la calle, la abordó un tipo que la convenció para que se quedara un rato a charlar. Era Jim Mitchell y, de aquella conversación, salió un acuerdo: Marilyn sería la protagonista del filme.
  
La película se llamó “Tras la puerta verde” y Marilyn Briggs actuó en ella con el nombre de Marilyn Chambers. Poco después del estreno, los ejecutivos de Procter & Gamble tuvieron la feliz idea de lanzar al mercado las cajas con el nuevo  jabón Ivory Snow. En ellas aparecía Marilyn, con un bebé en los brazos, sobre la leyenda “Puro en un 99'44 %”. Artie Mitchell tuvo una revelación. Hizo suya la frase promocional y la transformó en “Impura en un 99'44 %”, que serviría como reclamo para relanzar “Tras la puerta verde”. Procter & Gamble retiró inmediatamente todas las existencias del nuevo jabón.   A partir de entonces, Marilyn Chambers se convirtió en una de las grandes estrellas del porno americano. Hizo muy pocas películas en la década de los 70, participó en algunos filmes convencionales, entre ellos “Rabia”, de David Cronnenberg, y su esplendor llegó en los 80, cuando Stu Seagal la eligió para protagonizar “Furor insaciable”, el primer filme realizado para el lucimiento de una actriz X, el nacimiento del “star system” en el porno. En 1985 se retiró del cine para adultos para ser madre y tuvo un fugaz regreso 14 años más tarde, cuando ya había cumplido 46.  
El pasado domingo 12 de abril, la policía de Los Angeles encontró muerta en su domicilio a Marilyn Chambers. Tenía 56 años y su cuerpo no presentaba señales de violencia, por lo que será la autopsia la que determine las causas de su fallecimiento. Con su desaparición, el porno pierde a la que, para muchos, fue la mejor actriz X de la historia, una mujer que se creía lo que estaba haciendo y lo transmitía a la cámara como nadie. Una actriz al mismo nivel que Ann Margret. 
Actualizado ( Viernes, 01 de Mayo de 2009 09:45 )
 

CUANDO A HOLLYWOOD LE GUSTABA EL PORNO

Escrito por Paco Gisbert    Lunes, 20 de Abril de 2009 07:08    PDF Imprimir E-mail
A comienzos de la década de los 80, la industria norteamericana de entretenimiento para adultos vivía sus años más felices. Se producía un centenar de filmes al año, algunos de gran valor artístico, quienes formaban parte del sector ganaban suficiente dinero como para vivir de forma acomodada y un ex-actor, en el fondo un antiguo colega de profesión, gobernaba desde la Casa Blanca. Por aquel entonces, el cine X no había sido recluido al guetto al que lo confinó la sociedad años después. Las películas convivían alegremente con los estrenos de cine convencional en la cartelera, algunas actrices porno habían logrado papeles en filmes comerciales y, desde 1976, la AFAA (Adult Film Association of America) celebraba una gala, en un teatro de Los Angeles y al estilo de los Oscar de Hollywood, para premiar a los mejores del año.La gala de los AFAA tenía muy poco que ver con los actuales AVN Awards, herederos naturales de la costumbre de distinguir anualmente a los profesionales del sector. Las estrellas del porno no acudían al evento vestidas como si quisieran imitar a David Beckham o a una escort de alto standing, Ron Jeremy ejercía de reportero para una cadena de televisión entrevistando a los presentes y, entre los invitados, había personalidades del mundo de la cultura, el cine y la televisión. Además, se entregaban sólo seis premios, los que correspondían a los trabajos principales en una película, y no los más de cien que ahora se dan por méritos tan extraños como “mejor escena de sexo con doble penetración”.  Las estrellas invitadas ajenas al sector de la edición de 1983 de los AFAA Awards, que se celebró en marzo de aquel año, fueron Francis Ford Coppola y Gray Frederickson, director y productor respectivamente de “El padrino”. Ambos compartieron mesa en la gala con Shauna Grant y Laurie Smith, dos de las actrices más cotizadas del circuito X en aquellos tiempos. Coppola y Frederickson tenían amistad con las chicas, con las que solían compartir veladas de alcohol y cocaína en la casa que el productor tenía en las colinas de Hollywood. No eran las únicas. Raven y Kelly Nichols también eran asiduas de aquellas fiestas de desenfreno nasal y sexual. Aquella noche de los premios acabó como todas. En casa de Frederickson.  
La presencia de Coppola y su productor en la fiesta anual del porno no era un hecho anecdótico. Por aquel entonces, tener amistad con una estrella del cine X era “cool” para la gente de Hollywood. Actores como Richard Dreyfuss, Tony Curtis. Nick Nolte o Warren Beatty eran habituales en las fiestas organizadas por productores y directores de porno y algunas actrices, como la propia Kelly Nichols, habían encontrado su oportunidad de trabajar en películas convencionales, normalmente en pequeños papeles. Pero lo realmente “chic”, lo que atraía a las grandes estrellas de Hollywood era la tentación de practicar el sexo con una actriz de cine X. Muchos lo consiguieron, aunque nadie de haya atrevido a contarlo.<br>  Aquel mestizaje duró poco. La presión de la administración Reagan, el ex-colega que regía los destinos del país, sobre el porno acabó alejando a los actores de Hollywood de las camas de las actrices X. Y acabó por cerrar la puerta del cine convencional para los profesionales del porno. Un año después de aquella gala, Annette Haven vio cómo la Columbia vetaba su presencia en “Doble cuerpo”, la película con la que Brian de Palma se aproximaba al universo X. Su papel acabó en manos de una juvenil Melanie Griffith y el porno, reducido a una actividad marginal que, en 1985, trasladaría sus premios a Las Vegas, lejos del glamour de Hollywood.  

 

Actualizado ( Viernes, 01 de Mayo de 2009 09:39 )
 

INSACIABLE ENCUENTRA INSACIABLE

Escrito por Paco Gisbert    Domingo, 19 de Abril de 2009 18:58    PDF Imprimir E-mail
En 1980, Marilyn Chambers y John Holmes eran las dos grandes estrellas de la industria del porno. Holmes, tras más de 13 años de carrera, había logrado un estatus cercano al mito, gracias a la sorprendente longitud de su miembro viril, y su presencia en una película era sinónimo de éxito. Chambers, una antigua aspirante a actriz que descubrió en el porno una vía para demostrar su talento dramático, había logrado trascender al propio cine X gracias a su papel protagonista en “Tras la puerta verde”. Para entendernos, eran como Rocco Siffredi y Jenna Jameson veinte años más tarde.Sin embargo, nunca habían trabajado juntos. A ningún productor se le había ocurrido juntarlos en una escena para que se produjera el choque de trenes más esperado por los aficionados. Stu Segall, un veterano artesano del cine, que ahora tiene su propia productora de cine convencional en San Diego, lo logró en “Furor insaciable”, un filme realizado para celebrar la vuelta a porno de Marilyn, quien había pasado los años anteriores bailando en el O'Farrell Theater, el local de estriptis regentado por sus descubridores, los hermanos Mitchell. Segall utilizó el seudónimo de Godfrey Daniels para rodar una película ambiciosa localizada en Londres y San Francisco.
La última escena de “Furor insaciable” reproducía el sueño erótico de Marilyn con el hombre ideal. El macho en todo el sentido de la palabra. Para interpretarlo, Segall contrató a John Holmes, cuyas cualidades físicas respondían al personaje onírico que precisaba el final de la cinta. Pero, por aquel entonces, Holmes era un adicto a la cocaína. Eran tiempos en los que el polvo blanco corría alegremente por los sets de rodaje y John Holmes acudía al cuarto de baño del plató para hacerse una raya cada 15 minutos. Marilyn también estaba enganchada a la coca, con la diferencia que ella no la probaba si tenía que actuar, “para ser yo misma”, según su propia confesión.
Tal era la adicción de John Holmes a la farlopa que compró una onza (algo más de 28 gramos) de coca al llegar a San Francisco. Por la noche hubo de volver a llamar al camello porque se la había acabado. En tal estado, la filmación de la última escena de “Furor insaciable” fue un auténtico martirio para el equipo de rodaje. Holmes era incapaz de enderezar su descomunal aparato pese a la ayuda de Marilyn Chambers, quien no dudó en ejercer de “fluffer” con el fin de salvar la secuencia.
Finalmente, tras un día entero de trabajo, la secuencia pudo rodarse. “Nunca tuvo la polla realmente dura”, explicó años después Chambers, “pero creo que fingimos lo suficiente para que la secuencia pareciera real. Aparentemente a la gente le gustó, porque la película se vendió muy bien”. Cuando Segall pronunció la palabra “corten”, Holmes se fue al cuarto de baño a meterse otra raya por la nariz.
Tres años después de aquel encuentro entre dos insaciables, una del sexo y el otro de la droga, Marilyn Chambers y John Holmes volvieron a encontrarse en otro filme, de nuevo bajo la dirección de Stu Segall. Pero en “Up'n coming”, que así se llamaba la película, John Holmes era un hombre nuevo: tras su implicación en los asesinatos de Wonderland, había decidido no tomar cocaína y su pene, ese prodigio de la naturaleza de 35 centímetros en erección, funcionó como pretendía Marilyn y todo el equipo de rodaje
 
Actualizado ( Viernes, 01 de Mayo de 2009 09:39 )
 
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