supersex

IFIX, TCEN, TCEN

A mediados de los años setenta comenzó a publicarse en Francia una fotonovela pornográfica, titulada “Supersex”, que contaba la historia de un alienígena procedente del planeta Eros cuya nave se estrella en la Tierra y, para sobrevivir, ocupa el cuerpo de un teniente de la policía francesa. “Supersex” tuvo un sorprendente éxito de ventas y se extendió a Italia, país en el que, desde 1977, se convirtió en un referente de la literatura barata destinada al público adulto. La fotonovela sobrevivió a lo largo de una veintena de años, hasta su definitiva desaparición a mediados de la década de los noventa. 

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Al igual que los policías sexuales de la historia del cine porno, Supersex era un personaje irresistible para las mujeres, el prototipo del macho que vuelve locas a las féminas sólo con su presencia, aunque esa atracción, en el desarrollo de la trama, viniera marcado por la capacidad del detective de hipnotizar a las mujeres con un fluido de intensa carga erótica al cual era imposible resistirse. Una vez consumada la conquista, en el momento de la eyaculación, Supersex profería su grito de guerra: “ifix, tcen, tcen”, un lugar común sin significado preciso que se repite en cada uno de los capítulos de la fotonovela.
 
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Con el paso de los años, el personaje de Supersex fue evolucionando hacia una especie de agente 007 erótico, eficaz aunque algo bruto y sexualmente muy activo. En cada una de las revistas, con portadas en color y dibujos en blanco y negro, se ofrecían al lector entre tres y cinco historias diferentes, en las que aparecieron, como estrellas femeninas invitadas, algunas de las grandes actrices de la “commedia erotica italiana” de los años setenta y ochenta, como Gloria Guida o Lory del Santo. A mediados de la década de los ochenta, la revista incluía un apéndice con las aventuras de Magika y Magica Jr., dos investigadoras privadas discípulas de un santo indiano que les había enseñado algunos trucos mágicos, como la telequinesia, para resolver los casos que se les presentaban. Cicciolina y Marilyn Jess fueron las protagonistas de esta adenda que llevó la revista durante años.
 
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El actor francés Gabriel Pontello fue, durante toda la historia de la revista, Supersex, un personaje que le persiguió, para bien y para mal, durante toda su carrera en el porno. El propio Rocco Siffredi cuenta en sus memorias que, cuando conoció a Pontello en un club de intercambio de París, era un ávido lector de la fotonovela y un apasionado admirador de Pontello, a la postre su introductor en el mundo del porno. Pontello siempre apareció en “Supersex” con su nombre, aunque en la última época de la revista asumió el seudónimo de Homerus Callaghan, el nombre que también adoptó el personaje del detective follador, práctico y bruto venido del planeta Eros.
 
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Los ejemplares de “Supersex” se han convertido, con el paso del tiempo, en objeto de culto para los coleccionistas de material erótico. Lo intrincado de sus historias, la fascinante personalidad de su protagonista y el realismo de las fotos en las escenas eróticas, en las que se reproducía sexo explícito, hicieron del más de un centenar de revistas publicadas en cerca de veinte años un documento único, en ocasiones mucho más interesante que la mayoría de las películas porno que se proyectaban en las salas X europeas.
La revista digital italiana Deltadivenere ha comenzado a publicar desde hace unos meses, ejemplares de la revista “Supersex”, como tributo a una joya del porno en papel difícil de encontrar para los aficionados contemporáneos.
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