LA MUÑECA HINCHABLE DE MI AMIGO

Escrito por Remy    Domingo, 27 de Septiembre de 2009 13:44    PDF Imprimir E-mail

No hace mucho cenaba con un grupo de amigos, algunos de los cuales no se conocían entre sí. Transcurridos platos y copas una chica abrió fuego: el fin de semana pasado habían visto Las lágrimas de Eros con su nuevo novio y habían aprovechado para estrenar unos juguetes eróticos que había comprado en una tienda muy cuca del centro. Unas esposas con felpa rosa y una crema lubricante con gusto a melocotón, si no me falla la memoria. Los demás comensales acogieron el tema con entusiasmo, y de postre, además de helado, hubieron bolas chinas, dildos, fustas y una crema que produce una curiosa sensación entre el frío y el calor, según a quien preguntes. “Estupendo” pensaba todo el mundo. “Al fin conversas normales de sexo entre adultos”. Hasta que un amigo, envalentonado por las confesiones femeninas –y por las copas de más- rompió la magia del momento: recientemente se había comprado una muñeca hinchable de Carmen Luvana. Según él, se trataba de un modelo bastante realista, con grandes pechos, pelo  y tres agujeros. Las caras de las mujeres se tornaron muecas de asco  y asombro. “Que salido…” murmuró una. “Que pasado de rosca” dijo la otra. Mi amigo me dirigía miradas desconcertadas y yo no puede hacer otra cosa que encogerme de hombros. Conocía la situación y sabía que no había salida posible.

carmen luvana

Es un fenómeno curioso: las mujeres han accedido a un mundo típicamente masculino, el porno, y hasta consumen juguetería sexual. Hasta aquí fantástico, perfecto. Menos elogios recibe la siguiente paradoja: una mujer puede presumir de su consolador cromado pero un hombre jamás puede confesar en público que se masturba, por ejemplo, con una vagina en lata. Los dos son órganos sexuales figurados, y mientras el uso de uno estigmatiza, el otro envuelve con un aura de glamour y sofisticación. Hoy día, si un hombre se confiesa fanático de las bocas succionadoras, será tratado como un paria, mientras que una mujer ganará puntos en las reuniones sociales si explica que ha bautizado a su consolador rosa. Las causas son muchas y complejas y merecen por si solas una serie de posts, cuando no un doctorado en Sociología. Por el momento me conformo con poner la cuestión sobre la mesa. Algún día, estoy seguro, la situación se equilibrará y todos hablaremos de actores y actrices porno, de juguetes y de cremas que dan frio o calor, pero por el momento, tíos, si os compráis una muñeca hinchable de vuestra actriz preferida seguid mi consejo: no lo digáis jamás.

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Actualizado ( Domingo, 27 de Septiembre de 2009 13:58 )