SQUIRT!

Escrito por Remy    Miércoles, 02 de Diciembre de 2009 20:57    PDF Imprimir E-mail

Squirt! Bonita onomatopeya, muy precisa y concreta. Líquida. Squirt! Por su sonoridad incluso un lego en el porno puede adivinar de que se trata. Squirt!

Recuerdo bien la primera vez que vi a una squirter. Un amigo me enseñó un vídeo de Alysha Klass. La muchacha (uno de los rostros más extrañamente bellos del cine X) era brutalmente sodomizada y, llegado el momento del orgasmo, su coño expulsaba con violencia chorros y chorros de un líquido entre transparente y blancuzco, acompañado las contracciones de su cuerpo con gritos y tembleque teatral.

-¡Hostia! – exclamé yo. - ¡Está meando mientras la dan pol culo!

- No – me corrigió mi amigo con una sonrisa paternal. – Se está corriendo.

Había leído que algunas mujeres cuando llegan al clímax pueden eyacular, aunque yo imaginaba que sería una cosa discreta, apenas un chorrecito contenido. Nunca habría imaginado que el fluido sería expulsado con tanta fuerza, con tanto ímpetu: aquello era un torrente inacabable, borboteante,  de líquido lechoso.

-¿Estás seguro? A mí me parece que está meando…

- Claro. Es una actriz especializada en correrse.

A los pocos días reuní una pequeña colección de vídeos en torno al squirt. En aquel tiempo Klass era la reina de Internet y todos los caminos conducían hasta ella. Era increíble. Poco a poco fuimos descubriendo otras actrices, Flower Tucci y Samantha Sin  entre muchas otras, y la que seguramente es la número uno: Cytheria, una joven capaz de alcanzar grandes distancias con sus poderosas corridas. 

Al parecer hay poco consenso sobre el tema entre los médicos. Un simple garbeo por Internet os pondrá al día. Aún así es un fenómeno que pega fuerte. No hace mucho, en una cena, la novia de un amigo explicó que años atrás conoció a una squirter. Todos los hombres dejaron de comer al instante. ¿Sería verdad? La squirter en cuestión estaba angustiada al no saber qué ocurría exactamente, y al parecer incluso visitó a un par de especialistas. La pobre estaba convencida de que se meaba cada vez que tenía un orgasmo.

Las ofertas de ayuda de los buenos samaritanos llegaron demasiado tarde: la squirter, nos explicó la novia de mi amigo, ha aprendido a usar ese don: ya no le avergüenza correrse ni ensuciar las sábanas, el sofá o lo que se tercie. Según parece, su novio está encantado. No es para menos.

 Squirt!

 

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Armano   |2009-12-05 23:58:20
Buen relato. Buena temática.

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