UN ESPAÑOL EN EL SALÓN DE LA FAMA |
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Aparte de por una desmedida y ridícula devoción por sus símbolos, llámense bandera e himno, los norteamericanos han logrado convertir a su país en el más poderoso del mundo por una razón: no olvidan a aquellos que, en el pasado, contribuyeron a que Estados Unidos sea lo que es. Honran a sus presidentes, incluso si son corruptos (como Richard Nixon) o inútiles (como George W. Bush), llenan sus empresas de imágenes de aquellos antepasados que ayudaron a construirlas y hacerlas prósperas, y, en muchas disciplinas, instituyen lo que ellos llaman “el salón de la fama”, una especie de santuario para recordar, aunque sigan vivas, a aquellas personas que contribuyeron a su desarrollo y prestigio. Hay salones de la fama en las grandes ligas deportivas, en las asociaciones artísticas y hasta en las instituciones benéficas o de tipo social, como un recuerdo permanente de que el recuerdo del pasado ayuda a edificar el futuro.
En la industria del cine X también hay un salón de la fama. Se creó a mediados de la década de los 80, cuando la revista AVN tomó el relevo de la asociación corporativa que organizaba cada año los premios anuales de la industria del entretenimiento para adultos, a imagen y semejanza de los Oscar de Hollywood, para distinguir a los mejores profesionales del año. Desde entonces, 232 profesionales del porno, entre directores, actores, actrices y productores, han entrado en ese club privado que reúne a las leyendas que han hecho posible que, desde hace 40 años, el porno norteamericano siga vivo. En el “AVN Hall of Fame” están todos (o casi todos) los que, a lo largo de cuatro décadas, han sido importantes en el X estadounidense, desde Gerard Damiano y los pioneros hasta Briana Banks y las últimas generaciones que hicieron historia delante de la cámara.
La noche del próximo 9 de enero, un español entrará en ese círculo exclusivo que, hasta ahora, sólo ha aceptado a otros siete europeos: Lasse Braun, John T. Bone, Suze Randall, Nici Sterling, Christophe Clark, Kay Parker y Rocco Siffredi. El octavo europeo que ingresará en tan selecto club es Toni Ribas. Nacido en Barcelona el 13 de junio de 1975, Ribas se crió en Sant Boi, el pueblo de los Gasol y del rugby, trabajó en varios oficios mientras intentaba, como podía, sacarse el bachillerato, hasta que, en 1994, contestó a un anuncio de prensa en el que se pedían actores para un rodaje porno. La película en cuestión era “Venganza sexual”, de José María Ponce, uno de los filmes pioneros del porno español. A aquella película siguieron más de un millar como actor y, desde hace más de un decenio, dos centenares de filmes como director y productor.
Abanderado, junto a Nacho Vidal y Max Cortés, de la generación de actores X españoles más brillante de la historia, Ribas fue, junto a la que fue su mujer a lo largo de siete años, la también actriz porno Sophie Evans, el gran dinamizador del porno hispano en la época en la que se pasó de la precariedad a un germen de industria que, desgraciadamente, nunca llegó a consolidarse. Toni Ribas está en los créditos de las grandes obras que ha dejado para la historia el cine X nacional, pero también en películas dirigidas por Andrew Blake, Antonio Adamo o John Stagliano, por citar sólo a tres de los directores más prestigiosos del mundo de cuantos ha trabajado. En 2009, por culpa de la crisis y la degradación del mercado del porno español, Toni se trasladó a Los Ángeles, donde vive ahora y donde recibirá, el próximo sábado, el reconocimiento a una trayectoria profesional impecable, tanto en el porno americano como en el europeo.
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